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Volcanes de Canarias

Instrumentación y Vigilancia: Pronóstico de erupciones

Tipo: artículo
Título: Seguimiento y pronóstico de erupciones
Autores: R. Ortiz, A. García

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Introducción

Para que un volcán entre en erupción es necesaria una condición imprescindible: debe existir magma. Si en el sistema no hay magma susceptible de salir es imposible que se produzca una erupción. Partiendo de este principio es posible estudiar la posibilidad de poder pronosticar la actividad de un volcán (figura 1). Se trata pues de desarrollar técnicas que nos permitan saber si existe magma en el sistema volcánico, si existe movimiento del magma, si cambian las condiciones a las que está sometido y si ello facilita su salida a la superficie.

Si somos capaces de conocer cuales son las propiedades físicas de este magma, podremos establecer como será su salida, es decir como será la futura erupción del volcán. El ascenso del magma está condicionado por su viscosidad. Es por ello un proceso muy lento, incluso los magmas muy fluidos (basálticos) necesitan más de dos días para alcanzar la superficie desde las zonas de almacenamiento situadas en la base de la corteza. No se conoce ningún volcán que haya pasado de un estado de reposo al de erupción violenta de forma repentina. Aunque en muchos casos, la falta de vigilancia del volcán o la ignorancia asumida del evidente incremento de las manifestaciones externas, haya provocado la ocurrencia de un desastre volcánico.

La figura 2 muestra un esquema de la estructura interna de un volcán activo, así como los distintos fenómenos que en él tienen lugar. Hay algunos signos de la actividad volcánica que son apreciables a simple vista como son la aparición de nuevas fumarolas o cambios en las existentes, variaciones en las propiedades de las aguas termales, en la distribución y temperaturas de los suelos calientes o la apertura de fracturas. Otros fenómenos, como la actividad sísmica o la deformación, requieren el empleo de instrumentos muy sensibles, pues cuando son sentidos directamente por la población podríamos encontrarnos en una fase ya muy avanzada del proceso. El incremento de actividad se produce generalmente de modo muy lento; es por ello que la población puede soportar niveles muy altos de actividad del volcán sin conciencia del peligro real al que se encuentra expuesta. El conocimiento que hoy tenemos de los volcanes hace prácticamente imposible que un volcán debidamente atendido entre en erupción sin que sus signos premonitores hayan sido percibidos. Para ello, hay que contar con un mínimo de instrumentación situada sobre el volcán y, especialmente, con un equipo científico y técnico que analice periódicamente los datos y garantice su correcta interpretación.

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