Gestión Crisis Volcánicas: Atención de una crisis volcánica


Tipo: artículo
Título: Atención de una crisis volcánica
Autores: A. García, M. Astiz y R. Ortiz

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Introducción

Una crisis volcánica se diferencia de situaciones análogas en otro tipo de desastre natural en la importancia de sus fases iniciales, que pueden prolongarse durante años, y en la dificultad del pronóstico a medio plazo (figura 1). Es importante destacar que el objetivo de la atención de la crisis es precisamente establecer periódicamente un pronóstico de la evolución de la actividad, de forma que puedan prepararse las actuaciones de contingencia (ver el tema Vigilancia, seguimiento y pronóstico de erupciones, en este volumen). Sin embargo, este pronóstico, especialmente en volcanes con carácter explosivo, no es único, sino que existen varias posibilidades de evolución del sistema que deben analizarse separadamente (figura 2). Hoy los volcanólogos ante una crisis se enfrentan a una serie de problemas, como son el pronóstico de la actividad del volcán, la metodología de trabajo a elegir y la comunicación con los agentes sociales (Newhall, 1995).

En cualquier caso, la implicación socio-económica del volcanismo impide que la futura investigación volcanológica pueda encerrarse en aspectos puramente académicos, siendo imprescindible en cada país la existencia de una organización científica responsable del asesoramiento y coordinación con las autoridades de Protección Civil, especialmente en caso de crisis. En cuanto a la organización de la investigación, se tiende a potenciar la colaboración internacional en áreas de interés común y los cursos o seminarios de entrenamiento y especialización. Así, las nuevas tendencias metodológicas se dirigen hacia la mayor especialización, pero también a la sencillez en los métodos y a la valoración de las soluciones autóctonas y singulares. Por lo que respecta al tratamiento de datos se tiende, como en todas las Ciencias, a una mayor cuantificación en la elaboración de modelos (Araña y Ortiz, 1993). En lo referente a la política científica, se pretende compaginar el interés socio-político en un rápido desarrollo tecnológico de los sistemas de vigilancia, con el interés científico por la investigación básica a largo plazo. En esta última se cifran las esperanzas futuras para prevenir con eficacia el riesgo eruptivo, ya que el progreso puramente tecnológico alcanzado en los años ochenta, se ha demostrado ineficaz a la hora de reducir los efectos catastróficos de las erupciones (ver Erupciones históricas relevantes, en este volumen) comparables a las ocurridas a principios de siglo. Además, en estos últimos años, hemos podido presenciar el fracaso de las técnicas de predicción de erupciones relevantes, a partir de las experiencias de Hawai, del Mont St. Helens (USA), Campi Flegrei (Italia) con fuerte proceso bradisísmico entre 1983 y 1985, Long Valley (USA) donde se manifiestan todos los precursores y no se produce erupción alguna o Rabaul (Papua Nueva Guinea) con crisis en 1983 mientras que la erupción ocurre en 1994 con sólo pequeños precursores.

Finalmente, la tragedias del Unzen (Japón, 1991) con la muerte del matrimonio Kraft y otras 30 personas por un fallo de previsión y especialmente en el Galeras (Colombia, 1993) donde en un volcán en reposo, sin actividad sísmica ni emisiones anómalas de gases, se produce una explosión con columna de 4 km, matando a seis volcanólogos que estaban mostrando las técnicas de predicción de erupciones, han cuestionado aún más la infalibilidad de la vigilancia (Araña y Ortiz, 1996). El análisis de las últimas crisis ocurridas han servido de experiencia para el establecimiento de las pautas y estructuras para abordar una reactivación del volcán (Barberi et al., 1984; CENAPRED, 1995; Ortiz, 1996; Cardona, 1997). Estas estructuras deben poder ir variando de acuerdo con la evolución de la crisis.

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